Jóvenes de origen extranjero en Cataluña y transiciones educativas Resposta

Verónica de Miguel
Grupo Redes y Estructuras Sociales
Universidad de Málaga

Actualmente, no se puede entender las peculiaridades, las demandas y las necesidades de la población joven en Cataluña sin tener en cuenta su elevada heterogeneidad en cuanto a orígenes geográficos y culturales. A pesar de que los intensos flujos inmigratorios procedentes del exterior que se produjeron fundamentalmente desde mediados de la década de los noventa del siglo pasado se han visto mermados considerablemente en los últimos años como consecuencia evidente de la crisis económica, en el presente aproximadamente uno de cada cuatro jóvenes entre 15 y 34 años que residen en Cataluña tiene nacionalidad extranjera (25,6% según el Censo de 2011, casi ocho puntos por encima de la cifra para el conjunto del Estado) [i]. Si atendemos al lugar de nacimiento, este porcentaje aumenta hasta un 29,1% de nacidos en el extranjero. Es oportuno, por tanto, plantearse si existen trayectorias vitales diferenciadas según procedencia y tipo de inmigración.

A menudo, sin embargo, el estudio de la inmigración no ha tenido en cuenta la condición de joven de la mayoría de sus protagonistas (Cachón Rodríguez 2005), predominando una perspectiva que daba por concluida su transición a la vida adulta con la propia experiencia emigratoria (con la excepción de aquellas investigaciones más centrada en los menores). La Enquesta a la Joventut de Catalunya (EJC) de 2012 permite subsanar estas carencias, ya que la suficiente representación en la muestra de población joven de origen extranjero admite la comparación entre los diferentes colectivos. Dado que no podemos abordar en estas líneas todas cuestiones que se tratan en la encuesta, proporcionaremos algunos datos básicos sobre el perfil de estos jóvenes y nos centraremos en algunos aspectos de su trayectoria educativa.

Tipos de inmigración y procedencias principales
De acuerdo con el tipo de inmigración que declaran en la encuesta, un 13% de la población joven en Cataluña afirma haber inmigrado de acuerdo con un proyecto propio, grupo en el que los hombres se encuentran sobre-representados. En cambio, un 15% de la población joven ha inmigrado en un proceso ligado a la familia, ya fuera en una movilidad de arrastre (hijos venidos con los padres), o en una movilidad vinculada a un proceso de reagrupación familiar, generalmente posterior a la de la persona reagrupadora. En este grupo encontraríamos mayor presencia femenina en las edades avanzadas y al grueso de las personas nacidas en el exterior y menores de 24 años.

Por lo que respecta al lugar de nacimiento de esta juventud de origen extranjero, encontramos que seis países agrupan prácticamente al 50% de esta población joven inmigrada. El principal colectivo es el marroquí (17,5%), seguido a distancia del rumano (8,6%) y del ecuatoriano (7,6%). Continúan otros orígenes latinoamericanos por debajo del 5% de representación (Colombia 5%, Bolivia 4,7%, Argentina 4,3%). En cualquier caso, todos ellos son países asociados principalmente a una inmigración de carácter laboral.

La emigración como ruptura de la trayectoria educativa
La emigración a otro país puede implicar, en un primer estadio en el destino, tres situaciones con respecto a la trayectoria educativa. En primer lugar, puede ocurrir que la persona acabara sus estudios antes de emprender la movilidad y, por tanto, estos no se vieran afectados por la decisión de partir. En segundo lugar, puede ser que la propia movilidad truncara el desarrollo educativo (formal-institucional) de la persona, de manera que una vez en el destino este no se continuara. En tercer lugar, puede ser que la persona haya proseguido su formación reglada una vez llegada a Cataluña. En los dos primeros casos, se puede presuponer que los esfuerzos del/de la joven inmigrado/a irán dirigidos a intentar que sea reconocida su formación y capital humano acumulados en el origen, para así poder competir en igualdad de condiciones en la incorporación al mercado laboral en el destino. En el último, sus esfuerzos irán orientados a la correcta inmersión en un sistema educativo diferente, con una enseñanza practicada en idioma/s desconocidos para muchos. Uno de los grandes retos de la sociedad receptora será el de integrar adecuadamente a este tipo de alumnado, para que sus proyectos educativos (o el de sus progenitores) pueden llegar exitosamente a término según sus deseos y a pesar de las dificultades añadidas.

Los resultados, no obstante, no arrojan cifras muy positivas en este sentido. Como era presumible, la mayoría (93,5%) de los/as jóvenes inmigrados por cuenta propia no están estudiando en el momento de la entrevista. Entre ellos, un 26,5% afirma haber completado estudios superiores, bastante por debajo del 49% de la población joven de origen autóctono en el mismo nivel. Sin embargo, es interesante notar que el grupo de jóvenes llegados en inmigración familiar, con una distribución por edades más joven que la de los jóvenes autóctonos, estudian asimismo en menor proporción (27,5% frente al 38,8%) y, entre aquellos que ya dan por finalizados sus estudios, la representación de quienes solo alcanzan los obligatorios o no han llegado a completarlos, supone un 62%, valor que se reduce a menos de la mitad para los de origen español (28,6%). Las diferencias en términos generales, son sustanciales y parecen sugerir que parte de este colectivo podría haberse visto ‘obligado a realizar una transición laboral más rápida de lo esperado’, en palabras de Carrasco y Riesco (2011), por su incorporación al proyecto migratorio familiar.

Pero, ¿dónde se han cursado los estudios? La EJC de 2012 recoge información sobre la trayectoria educativa realizada a partir de los 15 años. Observamos que un 63% de la juventud de origen extranjero la finalizó fuera de Cataluña, mientras que un 27% la ha efectuado totalmente en Cataluña, lo que implica que se incorporaron a nuestro sistema educativo en algún momento de su infancia o adolescencia, pero que es posible que ya iniciaran los mismos en el país de procedencia, con las consecuentes dificultades en la adaptación que ello puede implicar. El restante 10% estaría constituido por aquellos que llegaron tras los quince años y continuaron estudiando una vez llegados a Cataluña, entre quienes hallaríamos, por ejemplo, a los que se desplazaron para realizar estudios superiores.

Trayectorias educativas según lugar de realización de los estudios y tipo de inmigración
Cuando comparamos el nivel de estudios alcanzado por aquellos que ya no están estudiando con el más alto adquirido por cualquiera de sus padres, sorprende que sean los que realizaron todos sus estudios fuera de Cataluña los que, con mayor frecuencia, hayan superado el nivel de sus mayores (26%), siendo de un 22% para quienes la realizaron al completo en Cataluña. En el extremo opuesto, también son estos últimos los que más a menudo se quedan en niveles inferiores al de sus progenitores (48%), seguidos de los anteriores con un 35%. Las cifras parecen apuntar al hecho de que la movilidad internacional se convierte con frecuencia en un freno a la movilidad ascendente en cuestión académica o incluso a la reproducción social.

De todas formas, este panorama tan poco satisfactorio queda parcialmente mitigado cuando, a través de unos análisis de supervivencia, se incorporan a los modelos aquellos/as jóvenes que aún cursan sus estudios. Así, se observa como sus trayectorias educativas tienden a ser más largas de las que quienes completaron sus estudios en el origen, con lo que cierto efecto coyuntural puede estar operando en los resultados anteriores.

De hecho, en la interpretación de los mismos hay que tener en cuenta otro factor importante que puede restar relevancia a justificaciones basadas en la aparente incapacidad del sistema educativo de la sociedad de acogida para incorporar con éxito a los nuevos estudiantes, o a la emigración como obstáculo para la continuidad de los estudios. Se trata de la situación económica favorable que se vivía antes de la entrada en la crisis y que pudo haber conducido a muchos jóvenes inmigrados a un abandono temprano de los estudios por las amplias posibilidades de encontrar empleo rápido. Ediciones posteriores de la encuesta nos permitirán comprobar si la crisis ha tenido, por el contrario, un efecto de retención, logrando alargar las trayectorias educativas de estos jóvenes. Hoy, además, la ganancia asociada a esta prolongación de la vida académica es superior a la obtenida en los años de bonanza económica (García-Montalvo, Peiró et al., 2011). Por otra parte, es razonable pensar que a medida que la sociedad receptora mejore su experiencia y la información que tiene sobre este colectivo particular, logrará adaptarse más adecuadamente a sus necesidades.

En relación con el tipo de inmigración, es interesante comprobar como son las personas llegadas en una inmigración familiar, que no lo hicieron por cuenta propia, aquellas que en un porcentaje superior no han llegado al nivel académico de los padres (44%). Para las mujeres reagrupadas, esta emigración habrá supuesto con frecuencia la ruptura con sus estudios. Para sus hijos, el cambio de contexto educativo no ha redundado necesariamente en una mejora de las expectativas en materia educativa. De hecho, mientras que la mitad de la población joven autóctona continúa estudiando a los 22 años aproximadamente, la mitad de los que han experimentado una emigración ligada a la familia ya han abandonado a los 18. Por origen concreto, son los magrebíes (en su mayoría marroquíes) los que más precozmente finalizan su trayectoria educativa. Los africanos en general requieren de una especial atención, ya que una cuarta parte de ellos ni siquiera permanece estudiando hasta la edad mínima obligatoria para su incorporación al mercado laboral.

Otra diferencia notable cuando comparamos con la población joven autóctona se aprecia en la distinción por género. Si en Cataluña está comprobado que las mujeres estudian más tiempo y, consecuentemente, adquieren niveles educativos superiores (Miret et al., 2008), entre la población inmigrada esta diferencia no se sostiene e incluso llega a invertirse en el caso de los africanos.

Abandono de los estudios
Es difícil adentrarnos en los motivos de abandono. Por un lado, la encuesta pregunta por las razones por las que se dejó unos estudios ya iniciados, pero no las razones por las que no se continúa estudiando. En este sentido, si para los autóctonos la falta de expectativas agrupa prácticamente la mitad de las respuestas, entre los jóvenes inmigrados cobra peso la argumentación referida a las dificultades económicas u oportunidad laboral. Si nos centramos en la comparativa por lugar de realización de los estudios, observamos que para aquellos que realizaron toda su formación post-quince en Cataluña, la falta de expectativas se sitúa en primer lugar. Debemos tener en cuenta que en este grupo se incluyen aquellos/as jóvenes que inmigraron con menos de 15 años.

La idea de que la emigración se erige como elemento de ruptura de los estudios en una importante proporción de inmigrantes, se analiza también a través de la relación entre el nivel que se habría deseado alcanzar y el realmente obtenido. Los análisis muestran como, en efecto, son los jóvenes inmigrados quienes, con más asiduidad, se sienten insatisfechos con el grado obtenido.

Los resultados muestran, por tanto, una población joven para la que la emigración ha tenido un carácter eminentemente laboral y que, en muchos casos, ha implicado una desvinculación temprana de los estudios. Este hecho, que podía ser presumible en el caso de la inmigración por cuenta propia, resulta más preocupante cuando focalizamos nuestra atención en los jóvenes que declaran haber emigrado por causas familiares. Estos jóvenes, niños o adolescentes cuando inmigraron, deberían ser acogidos en un sistema que les brindara unas posibilidades reales de integración educativa para su completa adaptación posterior en la sociedad como personas adultas. Las mujeres que condicionaron sus estudios a la emigración de sus parejas deberían contar con una estructura de segundas oportunidades que pudiera dar respuesta a unas posibles demandas de mayor formación. En cualquier caso, la realidad que refleja la EJC de 2012 evidencia profundas desigualdades entre la población joven de origen catalán o del resto del Estado y la inmigrada desde el exterior e invita a la reflexión sobre qué medidas adoptar para paliar esta situación en un futuro próximo.


Referencias
Cachón Rodríguez, L. (2005). ‘Inmigrantes jóvenes en España’. En A. López, L. Cachón y D. Comas. Informe Juventud en España 2004, Madrid, Instituto de la Juventud de España, pp. 697-799.

García-Montalvo, J., Peiró, J. M. et al. (2011). Crisis económica e inserción laboral de los jóvenes: Valencia. Observatorio de Inserción Laboral de los Jóvenes  (IVIE).

Carrasco Carpio, C. y A. Riesco Sanz (2011). La trayectoria de inserción laboral de los jóvenes inmigrantes, Papers, 96(1), pp. 189-203.

Miret i Gamundi, P.; Salvadó i Nayach, A., Serracant i Melendres, P. i Soler i Martí, R. (2008). Enquesta a la joventut de Catalunya 2007. Una anàlisi de les transicions educatives, laborals, domiciliars i familiars. Barcelona: Observatori Català de la Joventut IV. Col·lecció: Estudis, 24.


[i] Este porcentaje era del 7,7 en 2001, según el Censo de ese mismo año.

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